Por J.C. Wilder
Traducido por Rocío Acosta Ruizde la versión original en inglés.
Este relato de Ciencia-Ficción/ Uber-Xena presenta una relación lésbica adulta entre sus protagonistas. Si eres menor de 21 años, no leas nada más.
NOTA DE LA TRADUCTORA: esta historia contiene algunas palabras malsonantes, no muchas, pero están ahí. Y puede que, al final, te sorprenda un poco. Pero tranquilo/a, todo forma parte de esta vida y hay que ser tolerantes. De cualquier modo, si eres demasiado puritano/a, o quisquilloso/a con ciertas cosas, te repito lo que dice JC Wilder: DEJA DE LEER. En cuanto a los DISCLAIMERS, como siempre, el copyright de la MCA/UNIVERSAL no ha pretendido ser en ningún momento infringido.
Semanas de sufrimiento por causa de una misteriosa enfermedad habían transformado dramáticamente a la Emperatriz de Dethra de una mujer fuerte en un frágil saco de huesos. Sabiendo que la muerte se acercaba, reunió las últimas fuerzas que le quedaban y llamó a su hija a su presencia. Confiaba desesperadamente que Sarika estuviera lista para asumir todas las responsabilidades del liderazgo.
Pero, preparada o no, tendría que convertirse en la nueva emperatriz mientras una rebelión amenazaba el imperio. Las actividades religiosas de Sarika le habían dejado poco espacio para las estrategias de la política y la guerra. Su hija tendría que depender del Consejo de Ancianos para que la guiase.
La Emperatriz esperaba haber transmitido a Sarika algo más que una simple capa de responsabilidad.
La Princesa llegó, el pálido color castaño rojizo de su pelo mezclado con el verde de su toga flotando tras de sí. Ella rozó al pasar los sombríos rostros de las sacerdotisas y ancianos al llegar junto a la cabecera del lecho de su madre. Tomando entre las suyas las manos de su hija y llevándolas a su pecho, la frágil emperatriz miró con autoridad a su único vástago.
"El futuro de Dethra está contigo, Sarika. No desperdicies el tiempo guardando luto por mí cuando mi espíritu se haya ido, sino conduce sabiamente el gobierno y pon fin a la rebelión de los Serviles. El Imperio no debe caer".
Sarika se acercó más y apretó las manos de su madre mientras era consciente de su posición y de la importancia de no mostrar debilidad. Como siempre hacía cuando sentía las lágrimas amenazando con traicionarla, elevó su delicado mentón y se puso a la altura de las circunstancias.
"Se hará como dices, madre".
Las palabras fluyeron más suavemente ahora, mientras la Emperatriz se permitía mirar fijamente y con cariño al interior de los acuosos ojos verdes.
"Lo sé. Pero tú necesitarás más que sacerdotisas y ancianos para que te ayuden a restaurar la paz en Dethra, y más que los espíritus de tus ancestros. Dentro de poco llegará el momento de la unión. Tu poder se incrementará con la fuerza de tu compañero".
Sarika frunció el ceño, un breve lapsus en su autocontrol. Ella no había seleccionado a nadie de entre los elegibles. No se sentía físicamente atraída por ninguno de ellos, aunque algunos solteros habían manifestado su interés por ella de forma más o menos clara. Aún ahora, podía sentir al Anciano Tai-Po mirándola con lo que ella creía era lujuria. Deseó poder estar a solas con su madre, pero el protocolo no lo permitía.
"Dado que no has elegido todavía - continuó la Emperatriz - únete conmigo y juntas invocaremos una visión del Protector y le instaremos a venir a ti, hija mía".
El Anciano Tai-Po se puso cerca de la Emperatriz y su hija, confiando en que su visión le mostraría a él. Se consideraba a sí mismo la mejor elección, y deseaba a la Princesa Sarika. Él la había visto crecer y convertirse de una preciosa y mimada niña en una consentida y hermosa joven mujer. Una mujer cuya aura de poder ejercía desde ese sensual y pequeño cuerpo, atizando su pasión hasta un nivel enfebrecido.
Aunque estaba prohibido, había observado a Sarika durante su meditación matinal en el jardín de palacio. Cada amanecer, él se encontraba a sí mismo reaccionando ante el espectáculo de su surgimiento del estanque sagrado y, mientras disfrutaba de este irrepestuoso voyerismo, a menudo se recreaba con su propia visión del cuerpo de ella bajo el suyo. En ese momento Tai-Po sofocaba un gruñido, prometiéndose a sí mismo que la tendría pronto. Entrecerrando los ojos, él miró a la Emperatriz y a su hija colocar sus manos respectivamente sobre las sienes de la otra.
La Emperatriz habló a su hija sin utilizar la voz.
"Enfoca tu energía desde el centro de tu ser y únete conmigo. Busquemos a tu compañero, el Protector. ¿Quién será?".
La transpiración comenzó a surgir en los rostros de ambas mujeres mientras la vida de Sarika se unía con la de su madre y juntas se adentraban en lo desconocido, buscando.
Sarika buscó con todo su ser.
"¿Quién? - ella sintió una nueva e inexplicable ansia brotar en su interior y fluir por encima de su propio límite - ¿Dónde estás? Te necesito. Ven a mí ".
Una imagen comenzó a cobrar forma y ambas mujeres sintieron la alegría del triunfo conforme la figura comenzó a aclararse. La Emperatriz jadeó y el color escapó del rostro de su hija mientras ambas contemplaban el llamativo color oliváceo de la piel de la figura. Su pelo agitado por el viento, largo y negro como la medianoche, caía por encima de unos hombros delicadamente musculados. El azul pálido de sus ojos revelaba un espíritu de gran pasión. Fuertes manos se apoyaban en las caderas sostenidas por unos exquisitamente formados muslos y pantorrillas, equilibrados sobre unos pies de dedos largos. En conjunto, una insondable fuerza y decisión irradiaban de la persona ante ellas. A diferencia de cualquiera que Sarika hubiese visto antes, la mujer era tan bella como inesperada... Y, quienquiera que fuese, nunca podría ser el Protector. Madre e hija retiraron sus manos y la visión se desvaneció, dejando a Sarika con un inquietante sentimiento de pérdida.
La emperatriz extendio una temblorosa mano hacia el hombro de su hija y la atrajo hacia ella hasta que sus labios estuvieron cerca de su oreja, susurrándole con voz jadeante: "La mujer debe ser la llave para encontrar a tu compañero... Ella está de camino hacia aquí. Deja que sea tu consejera. Ese es el papel que siento que la mujer oscura va a tener en tu vida... Escúchala con el corazón".
"Lo haré, madre".
Los cambios en los patrones de sueño de la mediana edad eran desagradables para la doctora Holis, y ella respondio a la llamada de medianoche con ojos cansados y una actitud antipática. Estaba agradecida a cualquier benevolente espíritu de la naturaleza que le hubiese dado su fuerza para ocultar su irritación del Anciano Tai-Po. Y, cuando vio el cuerpo destrozado de su paciente, rápidamente se metió en su papel de eficiente sanadora, olvidando su fastidio. Ella calculó los daños sosteniendo el escáner con una mano.
"¿Quién es esta alma desgraciada, un Servil del exterior del reino?"
Había estado siendo utilizada para tratar esclavos que el anciano le traía, y asumió que este era el último fugitivo hallado.
Tai-Po luchó brevemente con sus pensamientos acerca de cuánto contarle a la doctora.
"No - respondio lentamente, al tiempo que recorría distraídamente con unos dedos gruesos sus bigotes, moteados de marrón y gris - Los restos de su nave dejaron muchos interrogantes que sólo ella puede contestar, ya que el resto de su tripulación ha muerto. Cuando pueda hablar...".
Cara terminó de escanear y programó su asistente mecánico para comenzar el proceso de sanación, incluyendo una fuerte dosis de anestesia para asegurar la inconsciencia del paciente durante la más intensa reparación, que tendría lugar a lo largo de las próximas dieciocho horas. Su paciente había perdido la mitad del volumen normal de sangre, había sufrido múltiples fracturas óseas en los miembros y daños en su hígado e intestinos. Tenía una conmoción cerebral y el cráneo fracturado, pero el cerebro estaba intacto. Considerando todo esto, podía decirse que era una mujer de suerte, quienquiera que fuese.
"Ella debería estar suficientemente recuperada como para proporcionarle respuestas en veinticuatro horas" - diagnosticó la doctora.
Tras colocar una gota de sangre en otro aparato para examinar, Cara esperó unos segundos y entonces leyó la información que los datos de la biblioteca general contenían sobre su paciente. Ella aspiró bruscamente antes de girarse para mirar al anciano.
"Esto no puede ser correcto. ¿Quién es esta mujer?"
Tai-Po sonrió sombríamente, revelando unos dientes desiguales.
"Yo comprobé los datos por mí mismo - dijo - Aunque parezca imposible, nuestra paciente nació en el año 1992 Después de Cristo, hace casi mil años".
Cara miró a su paciente con un temor reverencial mientras el Cicatrizador zumbaba y gemía, devolviendo huesos y carne a su lugar, cerrando vasos y uniendo nervios que el médico no podía ver. En poco tiempo, no quedaría ni una pequeña evidencia de aquello. Comprendiendo la oportunidad antropológica que su nueva paciente le proporcionaba, Cara aguardó con ilusión la mañana, cuando ella recobraría la consciencia. Obtener información de primera mano acerca de cómo era la vida hace mil años, rompería la monotonía del palacio y les daría a todos algo de lo que hablar aparte de la horrible rebelión. Mientras consideraba la bienvenida novedad, Tai-Po interrumpió sus pensamientos.
"Y, como dije, Cara, hay muchas preguntas que responder. No diga nada a nadie sobre su paciente hasta que yo hable con ella - le advirtió el anciano, inclinándose hacia la doctora con actitud intimidante - ¿Comprendido?".
"Comprendo, Anciano".
Cara sintió alivio cuando él salió abruptamente. Tai-Po era el que menos le agradaba de los ancianos, y el que más la asustaba. Obviamente, estaba cortejando a la Emperatriz Sarika y Cara confiaba en que la nueva emperatriz no lo tomase como compañero. La única cosa por la que él se preocupaba era por sí mismo. La Emperatriz y el Imperio merecían algo mejor...
"Preparáos para el impacto!" - gritó la Mayor Ramsey a su tripulación.
En un minuto ellos estaban echando un vistazo detallado a un asteroide, a una corta distancia de la Tierra, y, al siguiente, el infierno se desató. En un rápido viraje, el asteroide y su nave colisionaron. Su pequeña astronave no había sido construída para resistir una cosa semejante. Brillantes flashes de luz la deslumbraron. Lo siguiente de lo que fue consciente, fue el rápido descenso de su nave a través de la atmósfera de la Tierra y las instruccciones que gritó de forma automática. Iban a chocar. Su última emoción fue de pesar, porque no podría salvar a su tripulación.
Unas punzadas sordas y dolorosas a un lado de su cabeza atrajeron su atención y ella abrió los ojos para ver por qué no podía levantar la mano.
"¿Qué...?" .
Ella estaba tendida, desnuda y expuesta, y atada con correas a una cama de metal.
Cara alzó la vista de su escritorio y se levantó para acercarse a su paciente, hablándole con tono tranquilizador.
"Me alegra ver que estás despierta. Las correas son sólo una precaución hasta que hayas hablado con el Anciano Tai-Po".
Ramsey se obligó a mantener la calma después de rechazar el pensamiento de que estaba, literalmente, en el Infierno. Ella se asombró del inusual acento de la mujer de cabello gris.
"¿Quién eres? ¿Dónde está mi tripulación?".
"Soy la Doctora Hollis, Cara Hollis" - le dijo la mujer, cubriéndola con una manta y hablándole con tono comprensivo - "Siento decirte que no ha habido supervivientes del choque - antes de continuar, le concedio a Ramsey un minuto para asimilar las malas noticias - El Anciano estará aquí en un momento. Él tiene algunas preguntas que hacerte. Si fueras inteligente, responderías con sinceridad. Acabo de curarte y no deseo tener que volver a empezar otra vez desde el principio. Mientras tanto, siéntete libre para preguntarme cualquier cosa que desees mientras reviso el trabajo del Cicatrizador".
Con ojo clínico, observó que no había signos de traumatismo en el cuerpo de Laren Ramsey mientras aplicaba el escáner sobre ella de nuevo. Pero la mente era otra cuestión. Deseaba preguntarle cómo tuvo lugar el accidente y cómo podía ser que ella tuviese casi mil años. ¿Cómo habría sido Dethra hace mil años?... Pero su miedo hacia Tai-Po la previno de hacer tales preguntas.
Ramsey había perdido compañeros antes y esto siempre la dejaba triste y enfadada. Pero, esta vez, ellos estaban bajo su mando. Ella era responsable de sus vidas y ahora estaban muertos. Ella tendría que haber muerto, no su tripulación. Pero se forzó a alejar su pena.
"De acuerdo, doctora, ¿dónde estoy?".
Mirando al interior de los llamativos ojos azules de Ramsey, Cara sintió cómo un temblor recorría su columna vertebral. Ahora que había dejado de ser un revoltijo de pedazos sangrantes, Laren Ramsey le parecía extraordinaria. No aparentaba más de treinta años, y tenía una presencia física imposible de ignorar. Era fuerte. Si Tai-Po no lograba encontrar alguna utilidad para ella, probablemente se sentiría obligado a destrozarla antes de matarla. Cara no deseaba sentir simpatía por Ramsey, pero no podía evitarlo.
"Estás es el palacio de la Emperatriz".
"¿Emperatriz?" .
"Sí. La Emperatriz de Dethra".
"¿De Dethra?" .
Ramsey repitió las palabras de Cara como si estuviese haciendo una parodia de un loro bien entrenado.
"¿Estamos en la Tierra, no?"
"Oh, sí. Dethra es el nombre que se usa para referirse a la que llamaban Tierra hace un milenio".
"¿Hace un milenio? ¿Qué año es este?"
Así que no lo sabe, pensó Cara.
"Bueno, no es el siglo veintiuno precisamente".
"¿Quieres decir que este es el siglo treinta y uno?".
"No todavía, pero pronto lo será. Bueno, nosotros ya no computamos los años del mismo modo, así que este es en realidad el año cuatrocientos ocho de la Era de la Paz. De este modo, puede parecer que tú naciste hace mil años. En 1992, ¿correcto?
"Sí. ¿Cómo lo sabes?".
"Recuerdo la historia. Hasta el más mínimo detalle está en nuestra biblioteca de datos, incluído cuando tú y tu tripulación desaparecieron en el año 2020. Debías tener unos veintiocho años...
"Sí".
"Pero no estás muerta".
"Parece que no... Lo último que recuerdo es un asteroide golpeando contra mi nave. Espera... hubo un cambio de movimiento antes que el asteroide nos golpease. Todo pareció acelerarse. Creo que entramos en una distorsión espacio - temporal de algún tipo que causó la colisión y nos lanzó hacia el futuro. Mil años hacia delante, aparentemente. ¿Qué piensas de esto, Dr. Hollis?".
"Joven mujer, creo que has realizado un viaje muy largo y que puedes llamarme Cara".
Tai-Po entró en la enfermería con ostentacion y frunció el ceño.
"¿Por qué no me notificaste que Ramsey había recobrado la consciencia?".
"Ella no ha estado despierta más que unos pocos minutos, Anciano".
A Ramsey le disgustó el hombre de inmediato. Sintió repulsa por el filo de temor que oyó en la voz de Cara.
"Déjanos ahora. Tengo algunas cosas que preguntar y estoy seguro de que tú tienes cosas mejores que hacer que observarnos hablar, Cara".
"De acuerdo. Pero recuerde que ella ya ha pasado por mucho".
"Yo no olvido nada, incluyendo la insolencia. Déjanos".
De mala gana, Cara salió, esperando que su paciente no fuese a ser herida de nuevo, tan pronto.
Tai-Po giró su intimidante mirada hacia Ramsey, quien lo contemplaba con gesto divertido.
"Pregunta - sonrió ella de manera atractiva antes de mirar con desprecio sus muñecas aprisionadas - Prometo no marcharme".
"No seas tímida, Mayor Ramsey, no te conviene".
"¿Tímida? Disculpa si te he dado esa impresión Anciano... Anciano Tai-Po, ¿no es así?".
"Puedes llamarme Anciano Tai-Po, sí. Y si respondes a mis preguntas de forma satisfactoria, podrás irte en paz. ¿Por qué estás aquí, Ramsey?".
No más Mayor. Sin embargo, Ramsey pensó que era interesante que él se empeñase en usar su título.
"Estoy aquí como resultado de un extraño accidente, me figuro. Mi tripulación y yo teníamos que examinar un pequeño asteroide y, de repente, todo se precipitó y nuestra nave colisionó con él. Lo siguiente que supe fue que estábamos cayendo a través de la atmósfera y aquí estoy. Aparentemente, han pasado mil años desde que salí. ¿Sabes si algo como esto ha sucedido antes?".
"No, nunca. Y por eso, aunque nuestra biblioteca de datos confirma tu identidad, no estoy convencido de que tu llegada aquí sea accidental. ¿Sabes que estamos en medio de una rebelión?".
"No, no lo sabía".
"Pues sí, una rebelión que cambiará todo y echará abajo el Imperio de Dethra si no es detenida a tiempo. Es una rebelión de las clases inferiores contra las superiores, esclavos contra libres. ¿Qué piensas de eso, Ramsey?
"Admito que no me agrada la idea de la esclavitud, y que esta no estaba permitida por el gobierno de mi época".
"Correcto, pero ya puedes suponer lo que ocurrió. La anarquía se apoderó del mundo antes del fin de la siguiente generación. Como resultado, llegaron la hambruna, la enfermedad y la ignorancia. Perdimos mucho durante la Segunda Edad de la Oscuridad. La humanidad tardó mucho tiempo en volver a ser saludable de nuevo. Hemos tenido paz en el mundo por más de doscientos años, y ahora el orden ganado con esfuerzo está siendo hecho añicos por la arrogancia de los Serviles. Ellos envenenan las mentes de otros y estamos perdiendo lo conseguido en la Era de la Paz. Todos deben pertenecer a una de las dos categorías, Ramsey, categorías que tú quizá no aceptes. Tal vez, incluso estás aquí para derrocar al Imperio. ¿Lo estás?"
Tai-Po miró el monitor junto a Ramsey.
"No. No, yo no estoy aquí por razones políticas. Se trata sólo de un terrible accidente. Mi tripulación está muerta y supongo que yo debería estarlo también".
Ramsey volvio a la melancolía. Había perdido a sus soldados y todo lo que le era conocido, incluyendo a su familia y amigos.
"No sé qué está pasando en el mundo y prefiero dejar la política para los políticos, como siempre he hecho".
"Parece que no estás mintiendo. Pero todavía no estoy seguro respecto a ti. Eres un soldado, un oficial que llevó a cabo exitosas campañas militares para el poder político".
Tai-Po notó la elevación de los signos vitales de Ramsey reflejados en el monitor, con tal intensidad que dudó que ella pudiese disimular aunque lo desease. Era realmente un espécimen notable. Lo único que, a su juicio, la apartaba de ser hermosa era su piel oscura. Eso y el hecho de que, si se ponía de pie, sería más alta que él.
"¿Yo no te gusto demasiado, verdad?" - le espetó.
"No, no mucho".
"El sentimiento es mutuo, Ramsey, así que no te sorprendas por lo que he decidido".
Una rápida sonrisa de Tai-Po la hizo temer que no le iba a gustar su decisión.
"Te quitaré las ataduras, pero no hasta que te haya colocado el collar de un Servil. Serás mi esclava y, si me agradas, te dejaré vivir. Reconsideraré tu vida sobre unas bases diarias".
El anciano no quedó decepcionado por la ausencia de temor en sus ojos, pues había anticipado el placer que obtendría causándole dolor hasta que el odio se transformase en miedo, y entonces la mataría. Ella habría sido una mujer superior en su época, pero su tiempo ya había pasado.
El calor del sol matutino se convirtió en desagradable mientras el día transcurría y creyendo que estaba aislada mientras trabajaba en el jardín del palacio, Ramsey se quitó su taparrabos. Por tres días, la Mayor Ramsey había portado el negro aro de metal de un esclavo alrededor de su cuello. Había aprendido que Tai-Po podía hecerla caer de rodillas por el dolor simplemente presionando un punto negro en su brazalete. Él le tomaba el pelo con eso, algunas veces llevándolo a cabo sin ninguna otra razón más que su capricho. En la noche, la amenazaba con la muerte.
"Así que esto es el futuro - pensó Ramsey con disgusto - La gente abusando de la gente".
Se alegraba de no haber tenido hijos. No tendría descendientes que formasen parte de esa monstruosa atrocidad.
El tiempo pasaba rápidamente y Laren estaba aprendiendo cómo perderse así misma en las simples tareas que le eran asignadas. No había quitado las malas hierbas de un jardín desde que era una adolescente en el rancho de su abuela. Recordó y dejó que sus dedos jugasen en la oscura tierra, disfrutando con el contacto. Amaba el olor de la tierra.
"Tierra. ¡Ja! Es extraño que tenga ganas de reír cuando mi vida ha acabado. Esto ya no es la Tierra, esto es Dethra" - pensó Laren agriamente.
En el interior del palacio, la Emperatriz Sarika estaba perdiendo la paciencia con uno de sus Serviles.
"¿Qué significa que no puedes reparar el biosistema hoy? Es absolutamente terrible estar aquí y yo deseo que esté arreglado para esta tarde. Consigue más esclavos que te ayuden si lo necesitas pero hazlo rápido, Talbert".
"Haré todo lo que esté en mi poder, Emperatriz, pero el sistema es antiguo. No puedo encontrar los esquemas por ningún lado, y la biblioteca de datos muestra una instalación completamente diferente de la que tiene en realidad. Nadie hace esta clase de cosas ya".
Talbert se detuvo cuando comprendio que estaba gimiendo y, por el rabillo del ojo, pudo ver los encantadores rasgos de la Emperatriz teñirse de un rosa brillante.
"Seguiré con ello, Emperatriz".
"Bien. Ahora vete".
Sarika permitió a sus esclavas personales colocar una compresa fría sobre su frente y abanicarla mientras sorbía su té helado favorito. Comenzaba a sentirse mejor cuando una esclava anunció que el Anciano Tai-Po solicitaba una audiencia con ella. La joven apartó la compresa y los abanicos.
"Le recibiré".
Tai-Po entró con su habitual fanfarria, una elegante toga flotando tras él. Cuando llegó hasta Sarika, se inclinó sobre una rodilla, alisó su bigote y depositó un lento beso sobre el anillo en la mano derecha de ella.
Sarika inquirió: - "¿Qué te preocupa que no puede aguardar hasta que el consejo se reúna mañana, Anciano?".
Había pasado una semana desde la muerte de su madre y todavía Sarika no se había dulcificado con él, tratándole con la misma formalidad que a los otros ancianos. La Emperatriz no había revelado quién iba a ser su compañero, y su seguridad acerca de que la visión que ella había tenido había sido sobre él comenzaba a menguar. Se había ganado ya una terrible vida después de la muerte para conseguirla a ella. No permitiría que nadie más la tuviese y había decidido presionarla para que lo aceptase.
"Más ataques de los fugitivos, Emperatriz. Necesito tu aprobación para usar el gas nervioso - nivel cuatro".
"Pero eso contaminaría el área durante años, ¿no?".
"Sí, pero los Serviles renegados se las han arreglado para fabricar un antídoto para el agente - nivel tres. Están acercándose a los límites del Estado Sagrado. Hay que escoger entre el gas o el láser de nuestras poco prácticas aeronaves. Cualquiera de los dos métodos tendrá efectos largamente duraderos en el medio ambiente".
Su formación espiritual era extrema y demandaba que ella protegiese el entorno. ¿Cómo podría tomar la decisión de actuar?
Él observó su expresión de dolorosa indecisión y su pequeño espíritu se alegró.
"Emperatriz, déjame ayudarte. Daría cualquier cosa por hacerte esto más fácil... ¿Has considerado hacerme Protector de Dethra? Debes saber que ya te quiero muy profundamente".
Él deseaba decir más, pero sabía que no le sería tolerado.
"He considerado muchas cosas, Anciano".
Sarika se sintió mareada. Su visión de la oscura mujer de ojos azules no tenía mucho sentido y, dentro de poco, tendría que tomar un compañero. Su propio cuerpo se lo pediría. ¡Qué mala suerte que Tai-Po fuese el mejor candidato! A ella nunca le había gustado. Sus manipulaciones y cruel naturaleza no le habían pasado desapercibidas. Pero no tenía que entregarse a él hoy...
"Consideraré tus palabras, Anciano Tai-Po, y dejaré la decisión sobre cómo tomar represalias contra los fugitivos para mañana. Discutiremos esto de nuevo con el resto de los ancianos durante el Consejo. Entretanto, envía nuestras naves a lanzar ondas sonoras. Eso retrasará su avance".
Ella estaba rechazándole de nuevo y él apenas lograba ocultar su rabia. Ella no podría desentenderse de él por mucho más tiempo. En dos semanas, celebraría su decimooctavo cumpleaños y el Ritual de Madurez la conduciría a un irresistible impulso de aparearse. La última emperatriz que había rehusado copular se había vuelto loca y se había suicidado.
Ella no me dirá que sí ahora, pero pronto estará suplicándome que la tome. ¿A quién más podría elegir? Ninguno de los otros ancianos competiría conmigo. Su elección es simple. Deberá copular conmigo y hacerme el Protector de Dethra o morir.
Con estos pensamientos, la rabia de Tai-Po se alejó y él ofreció a la Emperatriz una genuina sonrisa que casi le hizo parecer guapo antes de salir.
Sarika suspiró al verse libre de las responsabilidades que pesaban sobre sus hombros. El alivio que encontraba en un baño frío era sólo temporal, y de nuevo con ese tipo de sentimientos en ella, vagó hacia el balcón, donde dejó a su mente a la deriva mientras sus ojos se posaban sobre la solitaria figura de un Servil trabajando en el jardín. Irguiéndose del suelo riendo, la esclava se quitó la escasa ropa que llevaba, permaneciendo de pie cuán alta era y desnuda a la brillante luz del sol.
Su piel relucía con el lustre de la transpiración, sus magníficas formas cubiertas sólo con el negro collar alrededor de su cuello. Ella alzó la vista y Sarika sintió una sacudida pasar a través de sí.
Esos ojos... Por todo lo que existe en el universo y más allá, esa es mi visión hecha carne.
Y entonces su visión se sumergió en el estanque sagrado. Saliendo rápidamente a la superficie, sus largos brazos cortaron el agua y su cuerpo se deslizó suavemente hasta que la definición de su extraordinariamente musculado cuerpo se ocultó a la vista, sólo para alcanzar la orilla y nadar de vuelta otra vez. No atreviéndose a apartar sus ojos de la mujer de cabello oscuro, Sarika hizo algo desacostumbrado en ella: gritó para llamar a su esclava.
"¡Celeste, ven rápido!".
Y Celeste fue rápidamente hacia ella.
"¿Sí, Emperatriz?".
Inclinando su mentón hacia la piscina, Sarika exigió: - "¿Quién es esa esclava que está en el estanque?".
Celeste jadeó ante el sacrilegio revelado ante ella. Únicamente a la Emperatriz le estaba permitido entrar al sagrado estanque donde ofrendaba sus oraciones matutinas.
"Su nombre es Ramsey, y pertenece al Anciano Tai-Po, Emperatriz. Ella es nueva en el palacio, y, obviamente, no le han dicho nada sobre el agua sagrada. Se lo diré yo".
Sarika se movio hacia Celeste con las mejillas ruborizadas.
"No, sólo traéla ante mí".
"Como desees, Emperatriz" - respondio la esclava, cruzando la suite real y bajando en el antiguo elevador cuyos sonidos de protesta había aprendido a ignorar.
Cuando llegó al jardín, la alivio encontrar a Ramsey fuera del agua y vistiéndose. La esclava era alta y el modo en que giró la cabeza y la miró directamente, hizo desear a Celeste no estar sola con ella.
"La Emperatriz te ha convocado. Por favor, sígueme".
"¿En serio? ¿La Emperatriz? ¿Qué desea de mí?".
"Acabas de nadar en el estanque sagrado" - Celeste estaba complacida de que Ramsey estuviese siguiéndola de buena gana - Pero no creo que ella desee castigarte".
Celeste recordó la expresión del rostro de la Emperatriz Sarika mientras miraba a Ramsey nadar y en todos sus años con la joven, ella nunca había visto esa peculiar expresión antes. No parecía enfadada exactamente.
Quizá sólo tenga curiosidad.
"Por cierto, cuando la vea, ¿debería hacer una reverencia o algo?"
"Sí, y no la mires directamente a los ojos. Haz lo que ella te diga sin preguntar. Ella contiene el Espíritu de la Fuente y tú debes mostrar tu respeto hacia su sacralidad y su autoridad".
Contemplando la atónita mirada que cruzó rápidamente el rostro de Ramsey, Celeste sintió una punzada de compasión por ella.
"Es verdad, ¿no?".
"¿Qué es verdad?".
"Que vienes de un lugar tan lejano que eres ignorante".
"No me gusta ser llamada ignorante, y estoy consiguiendo iluminarme realmente rápido. Dime, ¿la Emperatriz te provoca mucho dolor?".
"No, nunca. Y no debes hablar sobre el dolor, especialmente alrededor de la Emperatriz. A ella no le gusta".
"Bueno, ahora ya somos dos" - rió Ramsey.
Celeste sintió que se avecinaban problemas. Ramsey tenía el temperamento de un fugitivo. No obstante, hizo lo que le habían ordenado y la llevó ante la Emperatriz, quien esperó a que Ramsey se inclinara antes de dirigirse a ella.
Ramsey nunca había conocido a una emperatriz antes, y no sabía dónde poner las manos, así que, finalmente, miró a Celeste en busca de ayuda. Esta vocalizó la palabra inclínate. El oscuro cabello de Ramsey rozó el suelo mientras ella se inclinaba con elegancia.
Sarika suspiró con alivio.
"Díme tu nombre, esclava".
Su voz onduló y ella deseó que la mujer pudiese mirarla.
"Ramsey. Mayor Laren Ramsey, su Alteza".
Ella dejó sus ojos descansando sobre los delicados dedos que asían los brazos de una silla apenas lo suficientemente pequeña para la mujer frente a ella.
"Puedes llamarme Emperatriz Sarika. O sólo Emperatriz. Tienes un nombre inusual. Yo he viajado por el mundo y nunca había visto unos ojos o un cabello como los tuyos. Y articulas las palabras de una forma extraña. ¿Dónde naciste, Mayor Laren Ramsey?".
"En Texas. Por favor, Emperatriz, llámame Ramsey".
La Emperatriz tenía una voz sedante y ella deseó emparejar los sonidos con sus expresiones. Ramsey pensó que esto era difícil, ya que no era capaz de mirarla directamente.
"Díme, Ramsey, en qué parte del universo está Texas?".
"No es que importe mucho, pero ¿no le ha comentado Tai-Po algo sobre mí?".
"No. El Anciano Tai-Po no lo ha hecho. ¿Debería?".
De repente, Ramsey estaba mirando a sus ojos. Sarika descendio hacia la serenidad azul claro y sintió como si estuviese en una profunda meditación espiritual. Una radiante calidez la llenó. Ella nunca antes había visto ojos tan exquisitos como esos, ni sentido una conexión tan bienvenida hacia otra persona, y mucho menos hacia un Servil.
Ramsey estaba sorprendida de que la Emperatriz fuese tan joven. El tono de su voz no se compaginaba con su juventud. Y sus ojos eran hipnóticos. Ramsey se sintió atraída hacia ella, y la fuerza de esta sensación la asustó y la enojó. Esa joven mujer estaba considerada sagrada, sin embargo, gobernaba sobre un imperio malvado. Y eso la convertía a ella en malvada.
"No creo que hayas tenido a nadie de Texas en Dethra antes, Emperatriz, por eso pensé que esta novedad podría haberte sido mencionada".
El tono sarcástico no pasó desapercibido para Sarika, quien se echó hacia atrás con brusquedad mientras la quietud en los ojos de Ramsey era devorada por un fuego hostil. Nadie había osado mirarla con desafío antes. Ella era reacia a decir lo que vendría a continuación, pero sabía que debía hacerlo.
"Mírate a ti misma, esclava, y aparta tus ojos de los míos".
Ramsey apretó la mandíbula pero obedeció a la joven emperatriz.
"Eres arrogante, y no durarías mucho con el Anciano Tai-Po. Es una bendición para ti que yo te reclame como de mi propiedad".
Ella garabateó una nota y se la entregó a Celeste.
"Entrega esto al Anciano Tai-Po y díle que mi decisión es irrevocable".
"Pero Emperatriz, el Anciano...".
"Ella ya no es asunto del Anciano. Mi mensaje será suficiente, Celeste".
Celeste rumiaba el asunto en el elevador. Los problemas estaban viniendo todos juntos. Esa esclava no sería adecuada para la Emperatriz. Ella nunca encajaría en el palacio.
Sarika despidio al resto de las esclavas, excepto a Ramsey, quien estaba luchando con la idea de haber sido reclamada por la joven, fuese o no emperatriz. Percibiendo el disgusto de Ramsey, Sarika se levantó.
"Arrodíllate ante mí, Ramsey".
Ramsey mantuvo sus ojos apartados de la pequeña emperatriz, pero permaneció de pie.
Nadie la había desafiado de ese modo antes.
"Te convertiste en mía en el momento que entraste al estanque sagrado. Ahora, póstrate".
Ramsey permanecía todavía de pie, y fue Sarika quien se estremeció ligeramente. Ella tenía que establecer su autoridad ahora o Ramsey no sería buena para ella, y estaba segura de que la magnífica persona que la desafiaba era la llave que la ayudaría a encontrar a su compañero, aunque ella comprendía que Ramsey no lo sabía. Antes de morir, su madre la instó a escuchar el consejo de la mujer oscura de la visión. Y Sarika estaba dispuesta a escuchar, pero sólo después de saber que podía confiar en ella. La joven utilizó su tono más autoritario para vencer la resistencia de la alta mujer.
"Póstrate, Ramsey".
Contemplando el inmóvil cuerpo, ella experimentó desesperación por primera vez en su joven vida. Apuntó un brazo hacia su esclava y su dedo tocó el punto negro sobre su brazalete. Ramsey cayó sólidamente a sus pies, jadeando conmocionada ante el seco y candente dolor que la consumía.
Sarika elevó su mentón y quitó el dedo del brazalete. Un estremecimiento de empatía pasó a través de ella.
"No me gusta hacer esto. Obedéceme a partir de ahora y nunca tendré que volver a hacerlo".
Ramsey llenó sus pulmones de aire mientras el agudo dolor comenzaba a remitir. Ella había aprendido la lección y sabía que haría mejor obedeciendo a su nueva propietaria. Había pensado que nada podía hacerle más daño que la tortura de Tai-Po, pero ahora sabía que había un tormento peor en las manos de su nueva dueña.
Sarika sabía que pasarían varios minutos antes de que Ramsey pudiese ponerse de pie. Ella colocó su mano sobre la mejilla olivácea.
"¿Harás lo que yo te diga?"
Había pesar en su rostro, pero Ramsey no podía mirar a sus ojos y no pudo ver esto.
"Sí... Emperatriz".
"Bien".
Sarika tocó la sedosa cabellera negra en un gesto reconfortante y supo que era la única que estaba buscando consuelo. Esperaba que su nueva esclava no la forzase a usar el collar de nuevo. Sería absolutamente horrible. Y la creciente necesidad que ella sentía de mirar sus ojos por segunda vez era casi angustiosa. La atracción y el alarmante poder de esta, la confundieron. Obligándose a sí misma a alejarse de la esclava, Sarika escogió aligerar su humor.
"Díme qué clase de habilidades tienes, aparte de la jardinería y la natación".
Apartando de sí la humillación, Ramsey respondio a su nueva dueña.
"Soy un oficial militar y una piloto bastante buena, no se me da demasiado mal la electrónica computerizada y hago un gran chili. A propósito, podría reparar tus elevadores y sistemas de refrigeración".
Sarika la miró boquiabierta.
"¿Quién eres tú?".
"Puedes leer todo sobre mí en la biblioteca, según he oído".
Caminando hacia su mesa de trabajo, Sarika pulsó algunos lugares en su superficie y leyó en voz alta: "Ramsey, Laren Justice... Mayor, Fuerza Aérea de los Estados Unidos de América. Nacida el 26 de Noviembre de 1992 DC y fallecida el 2 de Diciembre del 2020... Llevó a cabo algunas exitosas misiones contra la Nación de China antes de su muerte a la edad de 28 años, mientras comandaba una nave que colisionó con un asteroide..."
Sarika se detuvo y elevó la mirada hacia Ramsey.
"Muy divertido - dijo, sin asomo de humor - ¿Cuál es tu verdadero nombre?".
"Es ese, Emperatriz".
Esperando evitar otra dosis de dolor, Ramsey hizo una sugerencia.
"Por favor, habla con la Dr. Hollis y ella te lo confirmará. También podría el Anciano Tai-Po si quisiera. Él es quien me encontró medio muerta después de que mi nave se estrellase".
"¿Y tú esperas que me crea que tienes novecientos sesenta y tres años?".
"Soy tan vieja como Matusalén, aunque sé que parezco joven, ¿no?"
Ella deseaba que la Emperatriz le dijese que la mirase, para que pudiese ver que era sincera. Ella no lo hizo.
"Por favor, habla con la doctora".
"Lo haré, esclava. Si estás mintiendo, lo lamentarás, y, si no es así, entonces Tai-Po lamentará haber ocultado la información".
Deseando no haber perdido la inspiradora calma de la meditación del mediodía, la Dr. Cara Hollis había arrojado unas píldoras de serenidad a su boca antes de responder a la convocatoria. Pero todavía estaba inquieta, sentada enfrente de su joven soberana mientras le contaba lo poco que sabía sobre la Mayor Laren Ramsey, parloteando como si fuesen las mejores amigas. Sabía que si su nerviosismo era molesto para ella, debía serlo aún más para la Emperatriz.
"Sí, efectivamente, Ramsey era un revoltijo sangriento cuando posé mis ojos sobre ella por vez primera, con huesos rotos sobresaliendo por todas partes - ella se detuvo sólo para tomar aire - Pero ha sanado muy bien, ¿no lo diría usted, Emperatriz Sarika? Siento mucho estar divagando así, pero...".
Sarika desplazó audazmente sus ojos a través de Ramsey.
"Está bien, Dr. Hollis, le agradezco su valoración".
Ella admiró el brillo saludable que irradiaba la fuerte figura. Tan diferente de los otros... y esa diferencia la emocionaba.
Ramsey podía no ver dónde se recreaban los ojos de la Emperatriz, pero la seductora mirada bien podía haber sido una caricia.
Una vez la habían apodado Mayor Machismo a causa de su destreza física y su comportamiento estoico, y Ramsey se maravilló ahora del entusiasmo que la inundaba. ¿Era eso azoramiento? Ella pensó que eso debía ser, y tuvo que llamarse al orden a sí misma para impedirse decirle a la joven mujer que parase lo que fuese que estuviera haciéndole, emperatriz o no. En cambio, habló a la inquieta doctora.
"Cara, ¿qué te convenció de que soy la mayor Ramsey?".
"El Anciano me convenció. Supongo que no creí realmente que tú fueses del siglo veintiuno hasta que el Anciano Tai-Po dijo que él personalmente había comprobado el dato. Y todo sobre ti corresponde con alguien de esa Era. Tu piel y tu cabello oscuros, y tu estatura. ¿No has notado que todos nosotros tenemos el pelo y los ojos castaños? ¿Todos excepto la Emperatriz?".
Cara inclinó la cabeza hacia la pintoresca Emperatriz con deslumbrante cabello castaño rojizo y ojos verdes.
Cara era el médico de la Sagrada Emperatriz y sabía que su inusual coloración era debida al único proceso de emparejamiento que no requería la unión de dos personas en la manera usual, sino un procedimiento médico similar a la clonación. El color del pelo y los ojos, junto con habilidades telepáticas y kinéticas, se transmitían de este modo de madres a hijas. Una Emperatriz siempre heredaba más de su madre que de su padre.
El resto de la humanidad, que había surgido después de la Segunda Era de la Oscuridad, procreaba de la forma acostumbrada y compartían un colorido propio similar. Lo único que les diferenciaba era si usaban el brazalete de un Dominador o el collar de un Servil. Los Dominadores habían nacido Dominadores y los Serviles, Serviles. El Anciano Tai-Po había roto el patrón poniéndole un collar a Ramsey.
Cara continuó su razonamiento, su público inconsciente de la pausa.
"Sí, cuando el Anciano confirmó los datos de la biblioteca esto cobró sentido. Tú has sido catalogada como muerta durante novecientos treinta y cinco años porque, por alguna razón, te estrellaste aquí. Dices que debiste entrar en una distorsión espacio - temporal, ¿no?... ¿ Ramsey?".
Parecía que la viajera del tiempo miraba fijamente a la Emperatriz. Y, si no estaba en un error, su Emperatriz estaba mirando a Ramsey de la misma manera. Cara estaba asombrada de que la Emperatriz permitiese semejante intimidad y esperó en silencio, sintiendo la tensión.
Ramsey se preguntaba qué fuerza la inducía a mirar descuidadamente a la joven mujer. La Emperatriz veía dentro de su alma y saber que ella también veía dentro del alma de la Emperatriz, paradójicamente, alivio su azoramiento.
Sarika se hundio de nuevo en las azules profundidades de los ojos de su esclava. Ella la creyó. Ramsey era diferente de todos los demás, era de otro tiempo. Y ella sabía que Ramsey estaba tan confundida acerca de esto como todos los demás. Quizá ella y su madre habían provocado que ella estuviese allí. Algunas cosas, ella lo sabía, no podían ser explicadas. Ella respetaba los elementos místicos. Antes de morir, su madre le dijo que esa mujer sería su consejera, pero ¿qué podía decirle alguien de novecientos años que ella no supiese ya?.
Ramsey sentía un creciente deseo de hablarle a la Emperatriz.
"Confía en mí. Yo siempre te diré la verdad" - dijo finalmente.
Sarika vio la reluciente sonrisa blanca y quedó cautivada. Su barbilla se elevó hacia ella.
"Lo haré".
La breve declaración significaba una promesa y selló un vínculo entre ambas. La intensidad del momento disminuyó cuando Ramsey desvio la mirada. Sarika estaba sorprendida de haber sentido la presencia de la recién llegada tan poderosamente. Girándose hacia Cara, obligó a su corazón a calmar sus veloces latidos.
"¿Por qué no se me informó acerca de Ramsey cuando fue encontrada hace días?".
Cara había estado esperando esa pregunta.
"El Anciano Tai-Po estaba al cargo, Emperatriz. No pensé que debiese hacerlo yo".
Ella deseó añadir que el Anciano le había ordenado guardar en secreto la identidad de Ramsey, pero no intentó decir nada porque Tai-Po, indudablemente, se lo haría pagar más tarde.
"Naturalmente".
Sarika centró su atención de nuevo en Ramsey, esperando la emocionante estimulación que sentía al hacerlo, y que no proyectaba a su esclava. Ella no siempre podía preservar a la gente de reacciones imprevistas al estar siendo telekinéticamente proyectadas.
"El Anciano Tai-Po te eligió para hacerte su esclava. ¿Por qué?".
"Él dijo que no confiaba en mí, ya que no se sabía de nadie que hubiese viajado en el tiempo antes, y también porque yo sé cómo dirigir campañas militares. Pero, por encima de todo, creo que él deseaba un blanco para su brazalete".
Ramsey tocó su collar negro.
Sarika prefería que los Dominadores usasen el brazalete sólo como último recurso para disciplinar a los Serviles, y no era la primera vez que ella tenía noticias de que Tai-Po lo usaba para causar dolor de forma deliberada. Pero nada podía hacerse si otro Dominador no era testigo del abuso y lo reportaba. Ella estaba avergonzada de sí misma por haber disciplinado a Ramsey con el brazalete.
Nunca había sentido una mezcla tal de angustia y alivio cuando Ramsey respondio al dolor. A los Serviles no se les podía permitir ignorar la autoridad sobre ellos, no importaba cuánto le pudiese a uno gustar un esclavo, y el dolor inducido por el collar era una forma efectiva de inspirar obediencia.
"Una vez que el collar es colocado, nunca puede ser quitado. ¿Lo sabes?".
"No, pero no me sorprende".
Ramsey era realista y pensaba que nada sobre Dethra podía sorprenderla, no importaba cuán aborrecible fuese.
"Quizá fue lo mejor que el Anciano Tai-Po te hiciese su esclava, ya que eres una forastera y por lo tanto nunca podrías ser un Dominador. Todos deben ser una u otra cosa. Permitir a alguien vivir entre nosotros sin pertenecer a ninguna de ellas alteraría el orden que nos esforzamos por mantener. Y, dado que es mi deber como Sagrada Emperatriz preservar el orden, tú permanecerás como mi esclava. Pero quiero que sepas que seré buena contigo, y recordaré que tu ajuste es un proceso. Y tú recordarás que mi autoridad es absoluta".
Ramsey no tenía otra elección.
"Sí, Emperatriz".
Sarika inclinó elegantemente su rostro.
"Esta tarde me contarás cómo solía ser el mundo"
Ella esperaba que el biosistema estuviese arreglado para entonces.
"Entretanto - continuó - la Dr. Hollis puede mostrarte cómo acceder a la biblioteca. Deseo que aprendas todo lo que puedas sobre el mundo tal como es ahora, ya que este será tu hogar. Y yo consideraré qué trabajo sería mejor para ti".
Ella despidio a las dos mujeres y contempló el curso de la acción que emprendería contra Tai-Po por guardar a Ramsey en secreto. Deseaba llevar a cabo una dura represalia, pero le necesitaba para dominar a los rebeldes, así que tendría que ser algo simbólico. Quizás para el orgulloso anciano, perder su silla a su derecha durante el consejo, sería lo suficientemente doloroso como para hacer que se lo pensase dos veces antes de ocultarle algo importante nuevamente.
La luz proveniente del claro techo de la biblioteca brilló sobre la cabeza de Ramsey produciendo destellos azules. Ella no podía acceder a toda la información contenida en el lugar, pero lo que aprendio sobre la historia del mundo intensificó su dolor.
La guerra con China había terminado con un holocausto nuclear que casi arrasó la Tierra. Los sistemas de alta tecnología fueron en gran parte destruídos y la radiación envenenó el agua y la comida junto con la mayor parte de la gente. Tai-Po estaba en lo cierto. La locura y la anarquía reinaron durante mucho tiempo. Aquellos que eran fuertes acumularon recursos y esclavizaron a otros para que trabajasen para ellos.
Surgió una religión basada en la depuración del medio ambiente y el orden establecido. El estatus pasó a estar determinado por el nacimiento. La religión proporcionó dirigentes para el gobierno y unió el mundo bajo el mandato de la Emperatriz Sagrada. Pero, en los últimos días, la insatisfacción de algunos de los esclavos había degenerado en una rebelión que alcanzaba los límites de la Tierra Sagrada y pronto amenazaría el palacio de la Emperatriz.
Ramsey se preguntaba qué armamentos estaban siendo usados en el conflicto, pero no aprendio otra cosa más que el hecho de que los Dominadores tenían aviones mientras que los rebeldes no. Esta única ventaja había otorgado la victoria a los primeros hacía poco. La mente militar de Ramsey estaba perpleja.
También aprendio que no había emperadores, sólo emperatrices. Según parecía, únicamente las mujeres de la línea de Dethra tenían la capacidad de otorgar limpieza a otros, y al medio ambiente. Era extraordinario que las emperatrices se pareciesen tanto unas a otras. La Emperatriz Vilell, la madre de Sarika, había sido la doceava, su vida truncada por una enfermedad desconocida.
Su imagen holográfica revelaba a una hermosa mujer en la flor de la vida. Había muerto hacía tan sólo una semana, lo cual explicaba la toga negra que la Emperatriz Sarika vestía. Su muerte también hizo de Sarika la treceava emperatriz de Dethra, un número desgraciado de acuerdo con la superstición.
Aunque el doce tampoco ha sido tan afortunado, pensó Ramsey.
La luz del sol entraba a raudales a través del techo, comenzando a provocarle incomodidad, y Ramsey decidio que había pasado tiempo suficiente en la biblioteca por un día. Se levantó para salir y observó la pantalla holográfica en la siguiente cabina. Representaba claramente el plan de diseño de una unidad de control de temperatura, probablemente la única del palacio. Ramsey le habló al hombre que miraba el holograma con una expresión frustrada.
"¿Has estado estudiando este diseño mucho tiempo?".
"Todo el día, y aún no le encuentro sentido. El sistema actual no está montado como este. Los colores y conexiones son diferentes y no veo cómo puedo arreglarlo. ¡Oh, a propósito! Soy Talbert".
Ramsey contempló el collar de esclavo que, al igual que ella misma, el hombre llevaba puesto, y se preguntó cuán severamente podría ser castigado si no podía arreglar el sistema pronto.
"Ramsey. Encantada de conocerte - tomando una rápida decisión, continuó diciendo: - Yo sé cómo trabajar con sistemas como este y estaría encantada de ayudarte, no sólo por el aire acondicionado sino para evitar que tu propietario utilice contigo el brazalete. ¿A quién perteneces?" .
Si él decía que a Tai-Po, ella no tendría la menor duda de que sería castigado cruelmente.
"¿Estás bromeando?" .
Talbert estaba dispuesto a besar los pies de esa majestuosa mujer oscura si ella podía ayudarle a reparar el biosistema.
"Aceptaré cualquier ayuda que puedas ofrecerme, pero no porque la Emperatriz me provocase esa clase de dolor. Ella nunca usa el brazalete conmigo. En realidad, dicen que nunca lo ha usado con nadie. Pero tampoco deseo que ella se enoje conmigo. Aún puede convertir mi vida en miserabla, ¿sabes?".
Ramsey no deseaba decirle que la Emperatriz había usado el brazalete para presionarla a ella esa misma mañana.
"Sí, lo sé".
Talbert le mostró los paneles de control del biosistema y ella se puso manos a la obra, reemplazando bobinas y conectando finas fibras usando magníficas lentes. Explicó el trazado a Talbert, quien estaba fascinado, pensando que Ramsey era única enredando las cosas o que era un verdadero genio. Pusieron en marcha el sistema ya reparado y el aire los circundó rápidamente, haciendo la respiración más cómoda. Él decidio que ella era un genio.
Ramsey sintió una oleada de alivio.
"Lo próximo será comprobar los microprocesadores. Tendremos que construir unos cuantos si no tienes ninguno en el almacén. ¿Sabes?, esto no es tan diferente de mi tiempo".
"Ah... ¿de qué estás hablando? Tú eres más joven que yo, y este sistema es antiguo".
"Quiero decir que estos no son tan diferentes de los sistemas usados donde yo solía vivir".
"¿De veras? No sabía que hubiese otros biosistemas por los alrededores. ¿De donde eres?".
"De Texas".
"Nunca oí hablar de él, Ramsey, pero he oído que tú vienes de algún lugar bastante lejano y que por eso pareces diferente. ¿Todos en Texas tienen el cabello negro?".
"No".
"¿Y ojos azules?".
"No. Hay bastante variedad en mi hogar, pero Texas está muy lejos".
"Suena como si lo echases de menos".
"Lo hago. Daría lo que fuese por regresar".
"Bueno, cuando le diga a la Emperatriz que tú sola has arreglado el biosistema, seguro que te concede una visita a Texas de buena gana".
"Puede ser, Talbert, pero no lo creo así".
El tiempo pasaba demasiado rápido para Sarika. Necesitaba encontrar una forma de detener a los rebeldes con el menor daño posible al medio ambiente, y tenía que elegir un compañero antes de su cumpleaños. Ambas cosas parecían imposibles. Sus oraciones vespertinas estaban repletas de plegarias de ayuda y orientación a La Fuente y a los benevolentes espíritus de los muertos.
Cuando oyó voces audibles en respuesta, pensó que eran el resultado de haber ingerido demasiadas píldoras de la serenidad después de entrevistarse con Ramsey. Las voces sonaban como la de su madre, diciéndole que escuchase con su corazón. Ella esperó por si había más, pero sólo oyó el sonido de su estómago haciéndole saber que necesitaba comida. No le agradaba tener más misterios frente a sí cuando eran respuestas lo que ella necesitaba.
Inmediatamente después de cenar, Sarika mandó llamar a Ramsey.
"Talbert me dice que el Palacio tiene que estarte agradecido por arreglar el biosistema. Gracias, Ramsey".
Recordando mantener los ojos apartados, Ramsey se inclinó con gracia.
"Fue un placer, Emperatriz".
"Cuando estemos solas como ahora, tienes mi permiso para llamarme Sarika. ¿Disfrutaste la biblioteca?"
"Disfrutar no es la palabra, pero alcancé a comprender lo básico de la historia del mundo durante los últimos novecientos años. Parece que nadie ganó la guerra, ni Asia ni Norteamérica".
Sarika notó la tristeza de Ramsey.
"El holocausto fue terrible. Has perdido a tu familia y a tus amigos y te preguntas si ellos sufrieron. Lo siento. Yo también he perdido a alguien cercano a mí recientemente".
"Tu madre, lo leí. Y lamento tu pérdida, Emperatriz".
"Sarika, insisto. Ahora siéntate y háblame sobre tu vida".
Sarika dio una palmadita al cojín situado junto a ella.
Ramsey no deseaba que le gustase la joven mujer ante ella. Se recordó a sí misma que era una prisionera de clases y la Emperatriz era el carcelero jefe. También recordó el brazalete en la muñeca de la mujer y el collar alrededor de su propio cuello. Así que, cuando se sentó cerca de ella y rememoró su pasado, hizo como si estuviese sola y Sarika no formase parte de su mundo. Se sumergió en el relato y olvidó que estaba hablando.
Rememoró sus sueños de ser libre y volar como el viento. Cabalgando en el rancho que su familia había poseído por generaciones. El rostro de su hermano mientras luchaban en el barro, sus pecas desapareciendo. El duro trabajo de marcar el ganado. Las lecciones sobre cosechar lo que se siembra, y que, si algo valía el esfuerzo, merecía la pena dar lo mejor de uno mismo. La belleza del gran cielo azul en un día de verano, cuando las familias iban juntas de picnic. Las excitantes tormentas de verano y las primeras nieves de invierno. Las manos frías al romper el hielo sobre el agua. Los animales recién nacidos. El compañerismo. Y el amor a la libertad. Tener tu propia tierra y sentarte bajo tu propio árbol. Todo eso ella recordó.
"Adelante... continúa, Ramsey - Sarika estaba cautivada por la hermosa prosa que nacía de los labios de su esclava. Ella deseaba oír más de su rica voz, aún si sus ideas eran extrañas - ¿De veras montabas a caballo? ¿Y todo el mundo se sentaba bajo su propio árbol?".
Sobresaltada por la voz y la mano en su muslo, Ramsey se giró y miró a Sarika. Estaba encantadora, aprendiendo a través de ella con los ojos muy abiertos y los labios sonriendo en una pose completamente expectante. Ramsey sintió un nudo en el estómago.
"No todos, Emperatriz" - le dijo Ramsey, apartando la mirada.
"No, deseo que me mires cuando estemos solas, y llámame Sarika".
Ramsey echó una ojeada a la mano sobre su pierna y luego alzó la vista hacia el rostro de Sarika, el cual se veía como si estuviese haciendo un ligero puchero. Ella era en verdad sólo una niña acostumbrada a salirse con la suya.
Pero es una niña peligrosa, supo Ramsey.
"Vale, Sarika".
La Emperatriz sonrió complacida al oír a Ramsey decir su nombre mientras la miraba a los ojos. Ramsey estaba alarmada, aún así el placer se abrió paso a través de ella y se asentó por un hormigueante y angustioso segundo entre sus piernas.
Una niña con el cuerpo de una mujer, rectificó.
Sarika fue la primera en romper el contacto, retirando su mano y sus ojos de su esclava con una mirada conmocionada en el rostro.
¡Oh, mierda! , pensó Ramsey, sabiendo que Sarika había visto la breve respuesta sexual en sus ojos.
Ella se sintió humillada de nuevo, un patrón adquirido que estaba determinada a cambiar.
"¿Puedo irme ahora?".
Sarika acababa de comprender la naturaleza de su atracción por Ramsey y, si bien no estaba acostumbrada a los nuevos pensamientos que se formaban en su mente, se estaba adaptando rápidamente. No le estaba prohibido a una emperatriz tomar a una mujer como amante, sólo era inusual. Mucho más si la mujer era una Servil, pero ella estaba segura de que había un precedente de una relación así en algún lugar. Y si no, ella sentaría uno.
Miró a Ramsey con nuevos ojos, segura de sí misma por primera vez desde que se convirtió en Emperatriz.
"No, no puedes irte aún. Todavía tengo algunas cosas en mi mente y tú te quedarás hasta que yo esté satisfecha".
Sarika estaba muy confiada.
Demasiado, pensó Ramsey.
Y, de repente, se sintió como una presa para la joven mujer.
"¿Qué satisfacción puedo darte?".
Ahora ella proyectó resueltamente su deseo y colocó una mano sobre el brazo de Ramsey, rozando con calidez la fresca piel mientras su mano encontraba el collar en el cuello de la esclava.
"Díme, viajera, ¿has dejado atrás un compañero?" - le dijo, apretándose contra la sólida calidez. Sintió cómo crecía la agitación de su esclava y su confianza disminuyó.
La piel de Ramsey hormigueaba en todos los lugares en los que Sarika la tocaba, y estaba teniendo dificultades para pensar en lugar de sentir las deliciosas y sin embargo incómodas sensaciones.
"No. Yo no tengo compañero".
Sarika movio la palma de su mano para acariciar su cuello y su mandíbula.
"Pero tú eras un soldado. Seguramente has experimentado el sexo".
"Sí" - jadeó Ramsey, y cuando Sarika colocó su otra mano en su muslo de nuevo, ella detuvo sus movimientos hacia lugares más sensitivos colocando su propia mano en lo alto.
"¿Sexo con una mujer?".
Ramsey se maldijo a sí misma en silencio por decirle a la Emperatriz que siempre le contaría la verdad.
"Sí".
"Bien, yo nunca he tenido un amante. Tú serás la primera, Ramsey, esa es la satisfacción que necesito de ti".
Ella tocó con sus labios la piel color oliva de la garganta de Ramsey, causando que la turbada esclava saltase del cojín.
"No".
Sarika estaba confundida de nuevo.
"¿No? Pero tú me deseas. Puedo sentirlo".
"Lo que tú has sentido es mi cuerpo respondiendo, eso es todo. Yo no te amo, tú no me amas y no deseo ser tu amante".
Viendo la mirada de furia en el rostro de Sarika, Ramsey se preparó para sentir el dolor del collar.
"¿Tú te atreves a desafiarme?".
"No pretendo ser desafiante. Te estoy diciendo la verdad. Te dije que siempre lo haría".
La ira desapareció del rostro de la Emperatriz cuando vio la inquietud en los ojos de su esclava, y el breve pensamiento de usar el brazalete de nuevo fue rápidamente rechazado. Los sentimientos que Ramsey inspiraba en ella estaban casi fuera de control. Y ahora ella sintió desesperación. Si sentía algo tan terrible antes del Ritual de Madurez, no deseaba imaginar cómo se sentiría en menos de dos semanas cuando la irresistible necesidad de tener un compañero tomase posesión de ella.
"¿Por qué no deseas amarme?".
"Tú dispones sobre mí. Yo soy tu esclava. No soy libre para amarte".
Ella era la Emperatriz y nunca suplicaría, pero, en esos momentos, contemplando a su espléndida esclava, deseó poder hacerlo. Su barbilla se elevó y ella apartó los ojos del objeto de su ansia.
"Vete entonces. Hazlo".
Cuando Ramsey salió, ella tomó otra píldora. Justo antes de caer dormida, oyó la voz de La Fuente una vez más.
¿Por qué te aferras con tanta fuerza a lo que podrías dejar ir tan fácilmente?.
Sin haber podido dar descanso a sus sentimientos, Sarika se levantó y fue a realizar sus oraciones matutinas con cierta indiferencia, notando entumecida que el elevador no ofrecía su usual refunfuño al llevarla a su camino hacia el estanque sagrado.
Cuando llegó, la recibió el espectáculo de Ramsey durmiendo sobre el suelo. Ella se acercó a su esclava y puso sus dedos en sus labios.
"Silencio, esclava. No deseo alertar a todo el palacio de nuestra presencia aquí. ¿Qué estás haciendo en este lugar, de todos modos?".
Ramsey se frotó los ojos.
"No tengo otro lugar para dormir desde que tú me reclamaste ayer".
Ella observó cómo Sarika dejaba caer su toga de los hombros hasta el suelo.
"¿Qué estás haciendo?" - preguntó, agarrando la toga a los pies de Sarika y colocándola de vuelta sobre sus hombros. Su pecho rozó contra el pecho desnudo de la Emperatriz, ya que la toga permanecía abierta.
Sarika fue recompensada con esa corriente de hormigueo que no podía sacar de su mente desde que lo sintió por vez primera la noche anterior. Ella colocó sus manos en la parte trasera del cuello de Ramsey y comenzó a atraer la oscura cabeza hacia sí para un beso muy deseado.
Ramsey sabía lo que estaba sucediendo y no tenía poder para pararlo. Los inexpertos labios de la Emperatriz presionaron contra los suyos y el mundo dio vueltas alrededor de ambas.
Sarika se oyó a sí misma gemir cuando Ramsey tomó el control del beso. Sí. Eso era lo que ella necesitaba. Nunca se había sentido tan viva. El perfume del jardín era potente, pero ninguna de las flores olía tan bien como Ramsey. La textura de su boca cálida era excitante, más allá de cualquier otra cosa que ella hubiese experimentado. Deseó sentir más de ella.
"Oh" - gimió, cuando Ramsey la alejó de sí sólo para reclamar sus labios de nuevo en un beso aún más profundo.
El sonido de un cristal hecho añicos rompió el ensueño de las apasionadas amantes. Ramsey empujó a Sarika al suelo y la cubrió con su propio cuerpo, dejando sin aire de forma inadvertida los pulmones de la mujer más pequeña al hacerlo.
"¿Quién está ahí?".
Ramsey recorrió el perímetro del jardín con la mirada. Nadie respondio y Sarika luchó para poder moverse. Una vez que logró tomar aire, decidio que le gustaba su posición y enlazó sus brazos alrededor de la cintura de Ramsey.
"No hay nadie aquí excepto nosotras. Estoy muy feliz de que hayas cambiado de opinión" - le dijo, comenzando a mordisquear el cuello de la mujer encima de ella.
Ramsey sintió el calor de la pasión atizándose de nuevo, pero esta vez estaba preparada.
"Hay una atracción, lo admito, pero esto no es amor y no he cambiado de idea" - dijo, rodando hacia un lado y alejándose de la pequeña belleza - "Esto no sucederá de nuevo".
Decidiendo que no tenía tiempo que perder, Sarika hizo la toga a un lado de nuevo, y se irguió de forma audaz ante su testaruda esclava. Con un tono correspondiente a una mujer acostumbrada a ser obedecida, le arrojó a la cara sus órdenes.
"Tus preparativos de sueño no serán pasados por alto ni una vez más. De ahora en adelante pasarás tus noches en mi cama".
"¿Y dónde dormirás tú?".
Sin molestarse en responder, Sarika se zambulló en el agua. Ramsey supo que había sido despedida y se fue para preguntar a Celeste dónde podría encontrar algo para desayunar, sintiendo que ya no tendría más control sobre su vida.
Sarika dejó que el agua la refrescase hasta que estuvo lista para meditar. Sus oraciones matutinas comenzaron con más agradecimientos de los usuales y terminaron con la nunca satisfecha necesidad de guía. La bendición era extraña.
"Estoy lista para escuchar, madre, pero voy a tener a Ramsey, consejera o no".
Su desayuno no le resultó apetecible y comió poco de él. Sus esclavas personales le preguntaron si estaba enferma, pero ella les aseguró que no y le dijo a Celeste que le alcanzase su toga del consejo. Celeste sabía que era la hora y la tenía preparada. Ella dejó que Celeste la vistiera. Había transcurrido más de una semana desde que no vestía otra cosa más que el negro del luto. Desafortunadamente, la toga de color púrpura desentonaba con su colorido y ella, desafiantemente, añadio una bufanda negra para que hiciese juego con su humor antes de dejar la suite.
Tai-Po acariciaba su bigote mientras hervía por dentro de celos e ira. Su posición en el consejo había sido disminuída y él ya no se sentaba junto a la Emperatriz. Peor que eso, había sido testigo de las relaciones amorosas entre la Emperatriz y Ramsey en el jardín. La Emperatriz le estaba dando a Ramsey lo que le pertenecía a él.
¿Dónde estaba la justicia en esa vida?, se preguntaba. ¿Cómo podía la Emperatriz hacerle eso a él? Pero esto cambiaría. La zorra de Ramsey había echado a perder sus planes un poco, eso era todo.
Él se levantó junto con los otros once ancianos cuando Sarika entró en el salón, inclinándose y hablando al unísono con los otros, saludando a la Emperatriz Sagrada.
Sarika les hizo saber que estaba tan comprometida como su madre antes que ella a poner fin a la rebelión de los Serviles, pero no a costa de hacer daño al medioambiente. El gas - nivel cuatro era el último recurso, y en modo alguno una elección que ella desease hacer hoy. Ella solicitó la opinión de cada Anciano con respecto a otra solución plausible, y, uno a uno, ellos no pudieron aportar nada útil. Finalmente, le llegó el turno a Tai - Po y él puso en marcha su plan modificado.
"Pienso que existe otra solución. Tenemos aquí en el palacio un experto en armamento y estrategias militares, alguien que probablemente podría reparar algunas de nuestras antiguas armas como ya lo hizo ayer con el biosistema. Armas que mutilan pero no matan, y no dañan el medioambiente. Un antiguo para restaurar lo que es antiguo".
Los Ancianos miraron a la Emperatriz para que explicase de lo que Tai-Po estaba hablando.
Sarika se preguntó por qué ella no lo había pensado antes por sí misma. Naturalmente, Ramsey era una experta en electrónica computerizada.
"El Anciano Tai-Po se refiere a la Mayor Laren Ramsey, alguien que él rescató de un accidente hace sólo unos días. Su innegable identidad es la de alguien que luchó en la Tercera Guerra Mundial, poco antes del holocausto nuclear".
Atónitas exclamaciones y preguntas surgieron de los ancianos. Sarika los aquietó con un brazo levantado.
"Lo que es importante ahora es que ella es la única que conoce cómo hacer que las antiguas armas nos sean útiles. Tai-Po puede haber tenido la idea correcta. Pero Ramsey es mi esclava y debe ser controlada por alguien que conozca más sobre armas de lo que yo conozco".
Tai-Po fue el primero en ofrecerse.
"Yo podría supervisar el trabajo de Ramsey".
Sarika esperó a que otro anciano se ofreciese voluntario, pero el resto de los miembros del Consejo estaban de acuerdo en que Tai-Po era el más entendido con respecto a las armas de los antiguos.
"Que así sea entonces. Tendré que enviar a Ramsey contigo, Anciano Tai-Po, pero espero un informe de los progresos al menos dos veces al día y que puedas anticiparte a la evaluación parcial que yo estaré haciendo a la guarnición".
Ella había aprendido que no se podía confiar en Tai-Po completamente y no deseaba oír que él estaba utilizando el brazalete para atormentar a Ramsey como hacía cuando era su esclava. Por ahora, había hecho su pequeña elección, pero para ponerlo en su lugar.
Tai-Po mostró sus dientes desiguales en una sonrisa tirante.
"Puedes confiar en que estoy completamente escarmentado, Emperatriz. Compruébalo cuando gustes".
Su pequeña Celeste le haría saber cuando ella iría de visita, él no tenía temor por eso.
Continúa en la segunda parte.
